Sobre el nombre de este blog

El nombre de este blog pretende recoger, evocar, traer del olvido al recuerdo, la primera civilización que usó la escritura. Los sumerios fueron un pueblo mesopotámico de origen y procedencia inciertos. Su cultura se consolida claramente a partir del tercer milenio antes de crist

Los habitantes de Sumer son considerados asimismo inventores de las ciudades. La urbe más conocida de esta cultura es Uruk, enclave humano desde el cuarto milenio antes de cristo.

La escritura nació en los templos. Aunque muchos nos dicen que fue un instrumento meramente administrativo, lo cierto es que los sacerdotes que la crean la imbuyen desde un primer momento de significados religiosos, místicos y trascendentes. Estos textos primeros, gravados con cañas sobre barro y escritos en la denominada “escritura cuneiforme”, tienen por lo tanto desde su inicio un carácter sagrado, misterioso.

De Sumer heredamos la literatura y la escritura

Esta primera cultura letrada inició la historia de la literatura con la obra “El poema de Gilgamesh”. En vetustas tablillas plasmaron los seres humanos por primera vez mediante la escritura una teoría humana del origen del mundo, con su correspondiente relato sobre la creación de los dioses y los hombres.

El poema de Gilgamesh fue difundiéndose de manera oral a través de los siglos por los diversos enclaves del mundo sumerio y poco a poco se fueron fijando diferentes versiones escritas del mismo. No obstante, y al desaparecer esta cultura prístina inexplicablemente, el poema fue recogido y modificado por otros pueblos del próximo oriente. Acadios, hittitas, babilónicos y asirios, entre otros, hicieron suya la leyenda transformándola y reinterpretándola a través de su cosmovisión. Se puede afirmar, de esta manera, que el Poema de Gilgamesh es la obra anónima de los siglos.

Esta obra, de estructura circular, que conocemos mejor gracias a la versión asiria recogida en la biblioteca de Nínive del rey Asurbanipal, trata temas eternos, de imperecedera importancia para cada uno de los hombres que ha sido arrojado a este mundo: la búsqueda de la gloria, el anhelo de la inmortalidad, la contradicción trágica entre el ser humano que imagina y desea como un dios pero se sabe mortal, el enfrentamiento entre el mundo natural y el civilizado, el viaje en busca del destino, la necesaria lucha y destrucción del mal, encarnado en el poema por un monstruo que habita en un lugar terrorífico y mágico, la irrealidad de la vida y el papel de los sueños en el hado del hombre, la difícil relación del ser humano con los dioses y el más allá…todos estos problemas han pasado del Poema de Gilgamesh a la Biblia y, a través de la influencia de las culturas cristianas y judías, a la cultura occidental.

Cualquiera que hoy en día se interese por el fascinante mundo de la escritura y la lectura, por sus nuevos soportes, sus cambiantes sistemas de mediaciones, su significado para las próximas generaciones y sus características últimas e inmarcesibles, debe entender que todo este cosmos de significados que se construye entorno al hecho de escribir, nació en este contexto mesopotámico remoto.

Aún no ha salido el hombre del complejo mundo de disyuntivas que se plantean entorno a la figura de Gilgamesh. No obstante, el poder evocador de la literatura, de la narración y el discurso que genera, siguen atrapándonos desde hace milenios. Como Gilgamesh, hemos entendido que, al final de cada recorrido, el hombre necesita siempre quererse único, imperecedero. Si bien sabemos que no podremos vencer a la muerte no es menos cierto que conocemos el poder de la escritura para permitirnos viajar más allá de nuestro tiempo y, quizás eternamente, permanecer en el mundo, vivos en las mentes de los lectores futuros. ¿Acaso no es este poder de lo escrito aquello que seduce a todo el que se enfrenta a un texto?. Gilgamesh no sitúa delante de una paradoja similar a la de sísifo. El hombre, la humanidad, se agarra al poder salvífico de la escritura y la lectura para vencer su maldición inexorable. Esta fe en lo escrito nos vincula, definitiva e íntimamente, con aquellos desvelos antiguos cuya esperanza no ha sabido borrar la losa impertérrita de los siglos.

*Estas notas está basadas en la lectura del estudio preliminar del Poema de Gilgamesh, realizado por Federico Lara en la edición de Tecnos, Madrid, 1997.

 

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